Llueve, y en mi ventana te echo de menos...
Y nunca imaginé lo que se pueden llegar a extrañar los tacones, tu cama, tus cosas.
...
Y hace tanto frío... Y hace tan poco que he vuelto para ya volverme a marchar...
Después de todo, las agujas del reloj siguen corriendo en mi contra.
Y no puedo hacer nada por detenerlas, por más que lo intente. Hoy supongo que cometí un error, aunque lo intente disfrazar, en un vano intento de creerme yo misma que huir a veces es lo mejor; sobre todo cuando eres incapaz de cambiar un poco las cosas.
Ahora soy una cobarde por un día haber sido demasiado valiente.
¿Qué importa ya?
De nada sirvieron nunca las lágrimas y lamentaciones, pero es que ahora menos. Intento convencerme de que esta es ya la única manera de empezar de cero; pero es que, simplemente, no soy capaz. Es cierto que no espero nada, porque sé que ni puedo ni mucho menos, debo; pero viví durante tantos años conformándome con lo mínimo que ahora no sé hacer otra cosa. Hubo tiempos de esos en los que bastaba con una mirada, ahora ya hasta eso me sobraría de saber que merece la pena una espera a ciegas...
Aunque no pueda ser, aunque no deje de repetirme que es una tontería.
En el fondo me pregunto si aún conservo ilusión por algo; ilusión de la de verdad, no de la de sonrisas fingidas. Y NO LO CREO.
Al menos conforme pase el tiempo todo esto se hará menos duro... Hasta que lo que aún me ata aquí termine desapareciendo.
Una semana, un mes tras otro; tic, tac...