El Otoño siempre me gustó. Tiene esa débil esencia de Septiembre que va desapareciendo conforme los meses de frío van llegando uno por uno.
Mis ansias de que este Otoño llegara y, con él mi estancia en Madrid, desaparecieron hace bastante. Y ahora comprendo, paseando por estas calles, que puede que ese encanto de la capital esté un poco sobrevalorado. Que no era Madrid quizá lo que tanto me gustaba.
Al menos aquí hace frío, ese frío acompañado de la lluvia de Septiembre que aún tanto me gusta; al menos ese frío despierta un poco mi mente y me ayuda a no quedarme el día tumbada en la cama mirando al techo y preguntándome cómo serían las cosas de haber estado en la misma situación pero de otra manera...
Y NO.
Aún sigo convencida de que esto no es más que otra de mis absurdas pesadillas, y lo único que hago es mirar a mi alrededor intentando acostumbrarme a lo que veo para no volverme un poco más loca.
No seré otras más de esas personas que se pasan la vida lamentándose y culpando a la distancia y a los kilómetros de todos sus problemas. NO.
Las cosas de la vida vienen y van, no podemos aferrarnos a algo que se fue hace años y pasarnos el día lamentándonos... Aunque lo cierto es que la idea de pasarme el día encerrada en estas cuatro paredes viendo cómo la vida en Madrid sigue pasando sin nada más interesante que hacer que echar cuatro lágrimas mal echadas encima de la cama no está del todo mal, porque es justo lo que hago día a día, mejor hacerlo aquí que allí, ¿no?.
Entra frío por la ventana, pero no es el único frío que siento. El frío del dolor izquierdo es aún peor.
Me dan ganas de entrar en mi propia mente y así poder ocupar el hueco de ciertos pensamientos con otras cosas; y así no tener que preocuparme más por cosas que quizá carezcan ya en este 23 de Septiembre de sentido alguno. Y no puedo...
Y odio los 'no puedo'.... ¿Y entonces por qué últimamente no dejo de decir otra cosa?.
Es cierto, nada de esto tiene encanto alguno para disfrutarlo sola. Pero esto me ayuda a no desesperar,
porque ya no espero; porque esperar duele.
Y yo ahora lo único que quiero y espero es poder hacer lo que desde hace tanto tiempo tuve que haber hecho. Pero quizá sea tarde.
Me tomaré otro café, de los malos, de esos de bote que terminan por no saberte a nada cuando llevas un par de ellos.... Tomaré café por no aferrarme a algo más fuerte, por tener algún arma con la que poder matar alguno de esos recuerdos que aparecen y me asaltan cuando menos me lo espero.
Me perderé en este día que ya acaba, y amaneceré con una vida nueva, como hace un par de días. Como hace un par de años. Como todas esas veces que repetí lo mismo y eso mismo se convirtió en nada; como hoy, como mañana...
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